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Bienvenido el tándem Catalunya-Europa

  • Escrito por  Jaume Ventura
  • Publicado en Artículos
Bienvenido el tándem Catalunya-Europa Foto: Xavier Cervera (Arxiu La Vanguardia)

Qué servicios pedimos nosotros, los ciudadanos de Catalunya, a nuestro estado? ¿Cómo podemos organizar nuestro estado para que provea estos servicios de forma eficiente? El propósito de estas líneas es aportar unas reflexiones sobre el modelo de estado que nos conviene. Se trata de un modelo basado en el tándem Catalunya- Europa.

A Europa le pido tres servicios: (1) garantizar el buen funcionamiento de los mercados, (2) garantizar la democracia, los derechos humanos y la libertad de las personas y los pueblos a elegir su destino, y (3) garantizar la defensa del espacio europeo ante agresiones exteriores.

¿Podría el Estado español proveer estos servicios? Empecemos por los mercados. Aquí creo que todos estarán de acuerdo en que las fronteras económicas no coinciden con las de Catalunya, ni tan siquiera con las de España. Son mucho más amplias. Uno de los grandes logros del siglo XX ha sido la construcción de un espacio único europeo para la libre circulación de bienes, capitales y personas. Aunque la regulación del mercado de bienes ya se decide en gran medida a nivel europeo, la regulación financiera y laboral está aún en manos de los estados miembros. Esto ha creado problemas de coordinación que han agravado la crisis actual y siguen retrasando su solución. Hoy en día hay pocas dudas entre expertos de la necesidad de regular e intervenir el sistema financiero a nivel europeo. También hay un consenso creciente sobre la necesidad de coordinar la regulación del mercado de trabajo anivel europeo. En todo caso, el Gobierno español (o el catalán en el futuro) no puede garantizar por si solo el buen funcionamiento de los mercados.

Otro gran logro del siglo XX es la aceptación en Europa de unos ideales comunes basados en la democracia, los derechos humanos y la libertad de las personas y los pueblos a elegir su destino. Desgraciadamente, tampoco creo que el Estado español pueda garantizar la aplicación de estos ideales. Como demuestra el conflicto actual entre los gobiernos de España y Catalunya, no se puede ser juez y parte simultáneamente. El problema de fondo es muy sencillo. Si la gran mayoría de la población de un territorio con lengua propia y raíces culturales diferenciadas desea un estado propio, el principio democrático exige que así sea. El Gobierno español ignora este principio porque piensa que su aplicación tendría efectos económicos y emocionales adversos para los españoles, aunque esta privación de libertad sea injusta con los catalanes. Uno podría comparar esta reacción con la del Gobierno del Reino Unido, cuna de la democracia, ante una petición parecida del Gobierno de Escocia. Pero este no es el tema. En ningún caso podemos depender de la buena o mala predisposición democrática del Gobierno español (o el catalán en el futuro) para decidir conflictos en que es parte implicada. Este conflicto debería arbitrarse a nivel europeo, y con el único objetivo de encontrar soluciones que sean fieles a los ideales que guían Europa.

A Catalunya le pido tres servicios: (1) garantizar justicia y orden público, (2) garantizar un Estado de bienestar generoso y eficiente, y (3) garantizar unas infraestructuras adecuadas a la actividad económica del país. ¿Podría el Estado español proveer estos servicios? Aquí topamos con la historia. En concreto, hay dos aspectos que cabe mencionar. El primero es que el Estado español nos sale muy caro. De cada 100 euros que Catalunya paga en impuestos, sólo 57 euros se gastan en Catalunya. El resto, 43 euros, los regalamos a España. No estamos hablando de un regalo aislado, fruto de un año o acontecimiento excepcional. Tampoco hablamos de un pequeño desajuste que se puede corregir fácilmente. Estamos hablando de una situación que se repite año tras año al menos desde que tenemos cifras, es decir, desde 1986. Lo peor del sistema es que estas transferencias no caducan. Los programas de ayuda al desarrollo del Banco Mundial, las Naciones Unidas y otros organismos están pensados para que los países que reciben ayudas se desarrollen y eventualmente dejen de necesitar esa ayuda. Los fondos de solidaridad de la UE están diseñados para que las regiones más pobres se hagan ricas y dejen de necesitar estos fondos. ¿Por qué esto no sucede también aquí? ¿Por qué los catalanes no podemos utilizar nuestros impuestos para mejorar nuestras pensiones, nuestro sistema educativo o para crear infraestructuras que hagan nuestro sistema productivo más competitivo? La solidaridad obligada y sin punto final no es solidaridad, es un robo.

El segundo aspecto que la historia nos recuerda es la tendencia del Estado español de desatender las necesidades de Catalunya y crear problemas artificiales. El mapa de infraestructuras de España muestra que las necesidades de Catalunya no son una prioridad para el Estado español. El debate sobre el sistema educativo es un ejemplo claro de cómo el Gobierno español crea problemas artificiales. Nuestro sistema educativo es muy mejorable, sin duda. Pero si hay algún consenso es en el valor de la inmersión lingüística que ha permitido a los hijos de inmigrantes integrarse y competir sin desventaja en el mercado laboral con los hijos de aquellos que llevan más tiempo viviendo en Catalunya. Sin embargo, el Gobierno español insiste en querer modificar nuestro sistema educativo y hacerlo más igual al de España. ¿Por qué penalizar a aquellos que quieren vivir y trabajar en Catalunya ofreciéndoles una educación apropiada para Albacete o León pero no para Catalunya? O quizá más directamente: ¿Por qué los catalanes no podemos decidir la educación de nuestros hijos?

Llegamos, pues, al final de la reflexión. Al Estado le pido varios servicios. En algunos casos, el Estado español no los puede proveer porque escapan de su ámbito. En otros casos, el Estado español provee servicios caros e inadecuados por motivos que no puedo entender. La conclusión
es fácil. El modelo de Estado español se ha agotado. Los ciudadanos de Catalunya necesitamos un nuevo estado que se adapte mejor a nuestras necesidades, un estado que se apoye en el tándem Catalunya-Europa.

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